
Aún recuerdo el dolor de estómago que sentía por las tardes durante el año 1985, era la ansiedad de saber que iban a dar mi programa favorito, que iba a volar por la estrellas y combatir a los Zentraedi, ver cantar a Mimey, querer que Rick finalmente se enamorara de Lisa, y que el Capitan Global nunca deejase el SDF1.
Tenía siete años y faltaba apropósito a clases, para poder disfrutar de la única hora del día que era sólo para mi.
Traté muchas veces de entender la complicada telenovela animada, y hasta el día de hoy es una de mis series de televisión favoritas. MACROSS, LOS AMOS DE LA ROBOTECNIA Y M.O.S.P.E.A.D.A fueron para mi una piedra angular de la imaginación en mi niñez..., cuando terminó la serie, mi corazón se abrumó, pensaba dentro de mi pequeño cuerpo, que nunca más los iba a mirar dentro de la pequeña caja cuadrada, a colores que estaba en la cocina de mi casa en Valparaíso. Me gustaba ver la televisión ahí, porque podía además, contemplar los cerros, teñidos de colores extraños en el atardecer, en ese entonces las casas eran más grises..., la gente igual, y nunca entendí el porqué.., ahora sí, en ese entonces la imagen de que tomaba mi vaso de leche firme con mis pequeñas manos, era vívida, mientras mis piernas colgaban de la silla sin alcanzar el suelo..., dándome animos para no dejar tiempo para pestañear, y sin querer soñé con Candy y Antony, con Remy y Marco, con Angel buscando la flor de siete colores..., (muchas veces la busqué en mi jardín secretamente) con Jem y Scooby, el Pipiripao fue para mi de culto, pero nada superará a los gloriosos capítulos de Robotech. Y aún hoy cuando veo el DVD de la serie, siento ese dolor de estómago, la única diferencia es que, mis pies hoy tocan finalmente el suelo, pero mi corazón aún sigue luchando una batalla fantástica, mas allá de las estrellas.









