
Las despedidas son siempre ingenuas.
Muchas veces bajamos la guardia con el sentimentalismo, y nos damos cuenta de que nada sirve decir adiós.
Lo importante es el cierre de círculos,
No dar vuelta la página.
Dar un portazo en la cara, a todo aquel que nos ha lastimado.
Sacarle la Madre al que se atrevió a ignorarnos.
Escupir al rostro de la indiferencia y decirle a todos ¡váyanse a la mierda!
Las despedidas son siempre ingenuas.
La mía no lo es.
Yo decido donde estar, que hacer y a quien amar.
No me atan los puestos, los roles o el trabajo.
Soy feliz simplemente siendo yo, y no pensando en ser yo.
Las despedidas siempre son ingenuas.
Ya nada me afecta y estoy lista para partir.
Todas las heridas de guerra han cicatrizado, y finalmente me doy cuenta, de Yo no espero nada a cambio de ti.
Mi único horizonte soy yo
Mi único reloj soy yo
Mi único jefe soy yo
Mi único juez soy yo
Las despedidas son ingenuas.
A los que me odiaron, púdranse.
A los que me amaron, los amo.
A los que me envidiaron, lo siento.
A los que me respetaron, gracias.
A los que me temieron, así soy.
A los que están por conocerme, sorpréndanse.
Hoy me di cuenta de que sobreviví el holocausto de una etapa de mi vida.
Y puedo decirles con toda libertad, ¡al carajo con todos ustedes!
Porque ya no tengo miedo.
Porque aunque las despedidas son ingenuas.
Esta, la mía…, no lo es.